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Inundaciones del año 1973 por Juan Jesús Díaz Cazorla

martes, 11 de agosto del 2009 a las 17:19

Las inundaciones de 1973

El agua, fuente de vida, elemento imprescindible; ese bien tan preciado que comienza a escasear y que actualmente está creando enfrentamientos políticos en ésta, nuestra querida España, fue protagonista desagradable, de fatal recuerdo en la memoria, para la población del Valle del Almanzora y demás vecinos de Almería, Murcia y Granada. Aquel otoño del 73, nuestros vecinos vivieron las 36 horas más largas que jamás recuerdan. Parece mentira, como un elemento tan aparentemente sencillo como el agua, puede con su escasez, significar la ruina, miseria de un territorio o su abundancia en demasía, la tragedia.

Aquel inicio de fin de semana, viernes 19 de octubre de 1973, a pocas semanas de vivir la festividad de la feria de Albox, preámbulo del día de Todos Los Santos, los vecinos del Valle del Almanzora, miraban con esperanza el cielo. Después de un seco y duro verano, se esperaba con ansia las primeras lluvias del otoño. Pero ese año, todo fue diferente. El cielo, descargó como nunca, cántaros y cántaros de agua, una lluvia torrencial como jamás se había notar en la zona. Aquello era como si todas las precipitaciones de varios años, se descargarán en un instante. Lo siguiente, ya fue el caos.

Almería y Murcia presentan una orografía en su terreno y condiciones climatológicas similares. La escasa vegetación de sus montes, desprovistos apenas de cubierta vegetal, salvo en contadas zonas y su fuerte erosión, son responsables de las inundaciones.

Cuando comienzan las lluvias torrenciales, el agua baja de los montes de forma rápida, sin apenas obstáculo, pues la escasez de vegetación no es capaz de retener el agua. En su camino, arrastra areniscas y rocas de varios tamaños que terminan llenando barrancos y torrenteras. Conforme mayor es el ímpetu de la lluvia y acumulación de agua, mayores son los materiales que arrastra a su paso. Los barrancos, pequeños arroyos y demás torrenteras, terminan por confluir a cauces de mayor tamaño denominados “ramblas”. El volumen de las aguas y materiales arrastrados (barro y piedras), actúan como una verdadera máquina de destrucción, que asola todo lo que encuentra a su paso.

En la provincia de Murcia, las 2 localidades donde las inundaciones dejaron un trágico balance fueron: Puerto Lumbreras y Lorca.

En la provincia de Almería las inundaciones afectaron a la cuenca del río Almanzora y otra en el sur de la provincia, donde se encuentra enclavada la desembocadura del río Adra.

En el valle del Almanzora, más de 20 municipios se vieron seriamente afectados, sobre un total de población de 65.000 personas. Aunque la distribución de precipitaciones fue desigual en la provincia, se establecieron medias de entre 100 y 125 litros por metro cuadrado, por lo que da lugar a una cifra de mil millones de metros cúbicos los recibidos en menos de dos días. Las principales cuencas receptoras: Andarax, Almanzora, Nacimiento y Adra, registraron más de 600 millones de metros cúbicos. En algunos puntos, las aguas rebasaron los 15 metros de altura, dándonos cuenta la magnitud de la catástrofe.

Hay que lamentar las 10 víctimas mortales que se produjeron entre las localidades de Zurgena, Vélez Rubio y Macael, así como varios heridos Además se produjeron cuantiosas pérdidas en la agricultura, con pérdida de arbolado, cosechas, fértiles tierras en los márgenes del río Almanzora y más de 8000 cadáveres de animales de granja. En este aspecto, en Cuevas de Almanzora se registraron 5500 cadáveres de animales.

Los daños en edificaciones fueron numerosos. Aparte de las casas de campo que se encontraban en las inmediaciones del río Almanzora, los pueblos más seriamente afectados fueron: Albox y Zurgena.

En Albox, hubieron graves derrumbamientos y toneladas de barro y demás materiales en sus calles. En este sentido, no fue la acción del río Almanzora ya que no pasa por la localidad, sino de su Rambla.

En Zurgena, la destrucción de edificios supuso el 50 por ciento del total de la población.

Las comunicaciones telefónicas, redes de alcantarilla, agua potable y suministro eléctrico, quedaron totalmente destruidas.

El caos se iba apoderando de la zona. La imposibilidad de acceder a las localidades implicadas en la catástrofe, hacía más trágica la situación si cabe.
El puente de la carretera Murcia-Almería, a su paso por Cuevas de Almanzora, quedó destruido.

A la mañana siguiente a la catástrofe, se dispuso el suministro de alimentos y medicamentos mediante helicópteros.

El problema sanitario más urgente, fue el suministro de agua potable para consumo humano y el evitar los focos de epidemias, por lo que se estableció vacunaciones masivas a toda la población.

El municipio de Cantoria, recuerda la fatídica fecha de la gran inundación, en la crónica que Francisco García Serrano relató al periódico ”La Voz de Almería”:

El 19 de octubre de 1973, será una de las fechas imborrables para todos los habitantes de esta Cantoria, que en unas horas ha perdido su alegría señorial y esos calificativos por la que era conocida como “Granada la chica”, “Perla del Almanzora” y “Cantoria la llana”. Su ropaje, formado por los colores distintos de toda clase árboles frutales y el azahar de sus naranjales, ha quedado reducido a una miseria sorprendente, a un dolor y tristeza en el rostro de sus habitantes.
Día trágico ese 19 de octubre. El río Almanzora desbordado con sus aguas a catorce metros de altura, llegando a saltar por encima del famoso Puente de Hierro, que tiene 63 metros de anchura por 12 de altura, ha venido a destrozar por completo los dieciocho kilómetros de su vega fértil. Ha dejado lleno de escombros, peñones, arenales, coches, tractores y toda clase de enseres, las 800 hectáreas de regadío. Los cuarenta kilómetros de cauce para regar estas tierras, que se encuentran a las dos márgenes del río, han quedado totalmente destrozados, así como los mismos nacimientos.
La lluvia torrencial, como jamás han conocido los más viejos, ni aún en el año 1924, de que ellos hablan llenos de temor y espanto, puede compararse con esta catástrofe, que ha dejado a familias totalmente despojadas de la poca tierra que tenían. Conozco a personas que, con mucho trabajo, llegaron a juntar lo necesario para vivir muy modestamente y se han quedado en unos momentos sin cortijo, sin animales y sin tierra. Gentes que han estado en Alemania o Francia, hicieron unos ahorros a fuerza de sacrificio, compraron una pequeña propiedad para vivir en su pueblo, y en unas horas lo han perdido todo.

Gran cantidad de familias no cesan de llorar; de pronunciar frases que se claven en lo más profundo del corazón; de pedir socorro y ayuda, porque lo han perdido todo. Verdaderamente, es la tragedia más grande y la prueba mayor que están aguantando estas gentes.
Víctimas no hubo, porque se pudieron prevenir al ocurrir este hecho hacia el mediodía, abandonando los cortijos y casas, que pasada la gran tormenta, ya no las han visto más. La Iglesia Arciprestal y la Ermita de los Patronos ha evitado el que se hubieran producido muertes, que entre todas las desgracias, ésta hubiera sido la irremediable, ya que estos templos sirvieron de cobijo a mucha gente.
Nos quedamos incomunicados, sin luz, sin teléfono ni telégrafo. Todo era oscuridad. Sólo nos quedó la estrechez peligrosa de la carretera que nos conduce a la capital.
En estos momentos, en que ya han transcurrido varios días, y el mismo cronista ha llegado a serenar los ánimos, me dicen que termina de solucionarse un problema candente y angustioso: el de la falta de agua potable, ya que termina de llegar un camión cisterna que manda el mismo Ayuntamiento de Almería.

A los dos días nos llegó la luz eléctrica, y hoy empieza a funcionar el teléfono, por lo menos para las cosas oficiales.
Todos los ánimos están o se encuentran en una presión muy baja. Dentro del dolor y angustias de tanta gente, predicamos la esperanza, de que todo se solucionará con el tiempo. No podemos desfallecer. Sabemos que la tragedia abarca a gran parte de nuestra provincia, y que el Estado y los españoles nos ayudarán, como hicieron en otro tiempo con Barcelona y Valencia cuando se desbordaron sus ríos y quedaron arrasadas, como se encuentran ahora mismo estas tierras cantorianas.


Los medios de comunicación escrita, las televisiones, radios, se hacían eco de la catástrofe.
En la tarde del día siguiente a la tragedia, el Gobernador Civil y Jefe Provincial del Movimiento, convoca una reunión con los medios informativos, para dar a conocer los detalles de la magnitud de la catástrofe.
En palabras, del Gobernador, el Sr. Gías Jove “Almería es la que menos vidas ha perdido, pero los daños materiales son muy superiores”.
Técnicos de la Delegación Provincial de Agricultura se desplazan a varios puntos de la provincia para hacer una aproximación de los daños. Aunque no es posible concretar la cuantía, sólo en relativo a cultivos, pueden estimarse unas pérdidas por valor de 3500 millones de pesetas.

El sonido de los helicópteros, se hacía notar los cielos de la cuenca del Almanzora. El Ministro de Vivienda, Gobernador Civil, Presidente de la Diputación, Delegados de Agricultura y Trabajo, visitaban las zonas más afectadas por la catástrofe, transmitiendo el mensaje del firme propósito por parte del Gobierno, de facilitar la pronta recuperación de las localidades afectadas por las inundaciones.

Entre las medidas adoptadas por el Gobierno:
Se aprueba un decreto ley de Hacienda, que faculta al Gobierno para suspender la exención de tributos pendientes y el aplazar pagos a los afectados.
De igual modo, se aprueba una línea de crédito oficial de 2000 millones de pesetas, que permitirá a lo largo de diez años y tres de carencia, disponer de recursos adicionales para la recuperación de las actividades.
Desde el titular de Agricultura, se aprueba la recuperación de los caminos, cauces de arroyos, etc, mediante la disposición de maquinaria de obra y más de 140 camiones basculante.

La línea ferroviaria Guadix-Murcia, interrumpida en 22 puntos, comienza a restablecerse.

Se trabaja con toda intensidad para la reconstrucción de carreteras y puentes, así como la actividad portuaria.

Desde el Ministerio de Información y Turismo, se conceden ayudas por valor de cinco millones de pesetas, para la reparación de las instalaciones hoteleras.

Por el Ministerio de Trabajo, se concederán subvenciones para combatir el paro forzoso en las zonas afectadas por las provincias de Almería, Granada y Murcia, por una cuantía de diez millones de pesetas para cada una de ellas, y con cargo a los fondos de empleo comunitario.
Así mismo, se otorgarán moratorias para el pago de cuotas individuales de los trabajadores, aplazamientos y fraccionamientos del pago de las cuotas de empresarios y trabajadores a la Seguridad Social. Ayudas a la empresa, trabajadores autónomos y prestaciones de subsidio de desempleo.

En materia de Vivienda, se aprueba el envío urgente de 486 albergues provinciales. El Instituto Nacional de la Vivienda queda autorizado para la puesta en servicio de 586 alojamientos provisionales y se inician los expedientes para la construcción de las viviendas definitivas, que pueden cifrarse en cerca a mil.

A estos buenos propósitos del Gobierno y sus diferentes Ministerios, hay que sumarse la del Banco Central. Al frente, el más alto cargo de la entidad bancaria, Don Alfonso Escámez. Apoyado por gran personalidad y buen decir, en rueda de prensa convocada en el Parador Nacional Reyes Católicos de Mojácar, estableció una línea de crédito especial por valor de 500 millones de pesetas, a plazo de cinco años, con el 6% de interés, idéntico al coste del banco,
De esta forma, se concederían préstamos a los damnificados, sin beneficio alguno para el Banco. El proyecto es claro y decisivo: ayudar a todos.

Las muestras de ayuda no cesaban de llegar. Un llamamiento a través de una emisora de radio de Marbella, animaba a las familias a albergar a niños almerienses procedentes de las zonas damnificadas. La respuesta no tardó en llegar, familias de Marbella, adoptaron a niños almerienses en sus hogares en plano de igualdad con sus propios hijos, en cuanto se refiere a estancia, manutención y demás necesidades, y ello hasta no se normalicen las circunstancias de las zonas siniestradas o los padres de los niños, lo consideren oportuno.

Desde el Vaticano, el Papa Pablo VII, se sumó al dolor de los damnificados, familiares de víctimas y ofreció sufragios por eterno descanso de los fallecidos, en un telegrama dirigido al Obispado de Almería.

A pesar de las ayudas recibidas, la grave catástrofe quedará imborrable en las mentes de los habitantes de la zona. La desagradable experiencia no es fácil olvidar, a pesar que la comarca vaya recuperando la actividad poco a poco. En ese sentido, la visita que protagonizaron los príncipes de España, Don Juan Carlos y Doña Sofía (actuales Reyes), a la localidad de Albox, contribuyó a difundir un mensaje de aliento y esperanza a los vecinos de la zona. Don Juan Carlos y Doña Sofía, se mostraron interesados por todos los detalles de la catástrofe, al igual que, visiblemente afectados por la emoción, escuchaban las súplicas de todos cuantos se reunieron para recibirles. Con el deseo de que se resuelvan los problemas con la mayor rapidez y animando a las gentes a seguir adelante, continuaron su marcha en helicóptero entre el aplauso de la población.

Hoy en la actualidad, se recuerda la catástrofe con respeto. Los amplios márgenes del río Almanzora y Rambla de Albox, son signos visibles de la grave inundación. ¿Se podía haber evitado? No lo sabemos. Pero bien es cierto, que cuando ocurren catástrofes de esta magnitud, la naturaleza nos avisa de que algo no está funcionando correctamente. Sirven estas líneas para recordar a todos, la importancia que tienen nuestros bosques; la labor como elementos para frenar el avance del desierto y como agentes para mitigar el efecto de las lluvias torrenciales sobre los montes, permitiendo que los terrenos no se desprendan. Cuidemos de nuestro entorno y ayudemos a su regeneración.

Este artículo ha sido posible gracias a las fuentes informativas de:
Periódico “La Voz de Almería”.
Dr. Ángel Fernández.
Francisco García Serrano.
Centro Guadalinfo de Cantoria, en la coordinación.
www.almanzora.de, en la colaboración.

Mensaje escrito por Andrés Carrillo Miras, en Piedra Yllora | Enlace

Fiestas de San Antón (Carretillas) de Cantoria por José Antonio Zapata

lunes, 10 de agosto del 2009 a las 16:38
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Las costumbres y tradiciones de un pueblo se reflejan en sus fiestas tradicionales, que año tras año se celebran en fechas generalmente señaladas por el calendario. Cantoria, al igual que el resto de pueblos de nuestra provincia, cuenta con una gran variedad de manifestaciones culturales que definen las señas de identidad de su gente. La Feria, Carnavales, Cruces, Semana Santa, Meriendas en el campo y Fiestas Patronales, representan los acontecimientos lúdico-religiosos que identifican y sellan la unión entre los vecinos de Cantoria.

Dentro de esas tradiciones con las que cuenta el municipio, señalaremos por su importancia Las Fiestas de San Antón, comúnmente conocidas por la “Fiesta de las Carretillas”.
Retrocediendo a la época musulmana y a la conquista y reinado árabe en Al-andalus, situamos los orígenes de esta tradición de pólvora y fuego, que cada año en Cantoria se celebra en la festividad de San Antón (Santo del fuego, Patrón de los animales y de esta Villa) el 17 de Enero. Pero la fiesta comienza la noche del día 16 de Enero, con la tradicional tirada de carretillas y la quema de hogueras (Noche de Lumbres y Carretillas).

En la actualidad, la tradición se mantiene entre los jóvenes con la misma fuerza e ilusión que lo hicieron generaciones anteriores, aunque siempre conviviendo con opiniones contrarias a la fiesta, fundamentadas principalmente en su elevada peligrosidad tanto física (lesiones cutáneas provocadas por la pólvora) como material (debido al gran número de desperfectos que se producen en fachadas y mobiliario urbano, que repercute negativamente en la estética del municipio). Mientras esta tradición se celebre coexistirán distintos puntos de vista que juzgarán esta fiesta a favor o contra, pero siempre y como hasta ahora respetando las diferentes concepciones sobre la misma.
En una ocasión desde las autoridades provinciales se quiso prohibir la fiesta. Un diario local tachaba a la misma de salvajismo primitivo. No se puede tachar de salvajismo una fiesta que ha mostrado menos peligrosidad que cualquiera de los riesgos a que nos somete a diario el mundo del progreso. Para los cantorianos, el salvajismo se producía cuando se dejara de celebrar, porque con ello desaparecía la tradición tan arraigada a la cultura de ese pueblo.
Cabe decir que esta tradición, es una de las pocas de nuestra comunidad Autónoma que aún NO ha sido declarada como FIESTA DE INTERÉS TURÍSTICO NACIONAL DE ANDALUCÍA.

Una vez hemos hecho un pequeño recorrido de la fiesta de San Antón, haremos un repaso de algunos de los elementos que caracterizan y definen esta peculiar celebración:

SAN ANTÓN
San Antón o Antonio Abad, llamado también “El Ermitaño”, nació en Coma, en el alto Egipto en el año 251 y murió en Monte Colzín en el año 356, alcanzando los 105 años de edad.
Hombre muy rico, repartió todos sus bienes entre los pobres y se retiró durante el resto de su vida a una ermita de palma y barro en el desierto cerca del río Nilo. Esto lo hizo después de escuchar las palabras del Evangelio de Jesucristo: “Si quieres ser perfecto y estar conmigo, reparte todo lo que tienes entre los pobres y entonces, ven y sígueme”.
Se le atribuyen varios milagros, sobre todo la curación de enfermedades relacionadas con el fuego, por eso se le representa con un llama en la mano. También es característico el cerdo que le acompaña, por sus curaciones a animales.

ORIGEN
No hay muchos datos escritos sobre el origen de esta fiesta, siendo una de las más antiguas y con más arraigo de la provincia de Almería, así como de todo el arco mediterráneo peninsular, donde la pólvora es la verdadera protagonista de toda celebración.
Se piensa que sus orígenes se remontan a la reconquista de Granada y Almería por los Reyes Católicos. En la época árabe Cantoria vivía de la industria de la seda, de la fabricación de pólvora y de la agricultura. Durante la reconquista fueron temidas las fábricas de pólvora por su cantidad y calidad de producción.

PELIGRO DE DESAPARICIÓN
A mediados de los 70, la fiesta de las “carretillas” decayeron considerablemente, e incluso se llegó a temer por su desaparición, gracias a la valentía y sentimiento cantoriano por parte de un grupo de amigos entre los que me suscribo, decidieron e intentaron evitar a toda costo que esto no ocurriera, relanzando la fiesta y contando estos con la ayuda de todo el pueblo. Estos amigos adquirieron durante varios años miles de docenas de “Carretillas” del vecino pueblo de Suflí para el disfrute de ellos y para vender a cualquier vecino. Posteriormente decidieron fabricarlas ellos mismos decayendo las que se traían de Suflí. Se puede decir que se fabrican de una manera artesanal por los vecinos de Cantoria como en antaño.

Creo muy sincera y personalmente que la fiesta actual se la debemos en gran parte a este grupo, entre ellos se encuentran: Juan Sánchez, Pedro A. Fernández, Juan P. Urrutia, Juan Ignacio Jiménez, Diego Piñero, Juan López, Joselito a los hermanos Peña y a Kilo y a otros muchos.

MARRANICO.
En los primeros meses de la primavera de cada año era costumbre que algún vecino/a soltara un cochinillo como favor o promesa a San Antón. Tras ponerle en el cuello un pequeño lazo de color rojo, se le soltaba en la calle, engordando con la comida que le iban dando los propios vecinos. No tenía que trabajar mucho para comer, ya que al ruido de sus bramidos, cualquier vecino/a enseguida le sacaba a la calle el sustento, que en la mayor de las ocasiones era un puñado de granos de cebada, habas secas, o la comida sobrante de las casas.
Así transcurrían los días, semanas y meses, y aquel cochinillo pequeño se había convertido en un hermoso y gran cerdo. Con algún tiempo de antelación a la festividad de San Antón, varios vecinos del pueblo formaban una comisión de Mayordomos, y se trasladaban de casa en casa vendiendo papeletas numeradas para el sorteo del marranico, destinándose el dinero obtenido para sufragar los gastos que ocasionaban los actos programados para la fiesta y el mantenimiento de la Ermita. Dicha rifa se hacía en el día de San Antón. Esta tradición se ha conservado hasta hace muy pocos años, entre otras razones, a partir de desapariciones de este animal debido a robos, la suciedad y malos olores que provocaba, así como la dificultad de convivir el animal con la gran cantidad de vehículos del municipio.

LA ERMITA
Esta edificación fue construida en honor a nuestro patrón San Antón hacia el siglo XVI. Está enclavada en la parte alta del casco urbano, vigilante como si de un faro de mar se tratase. Entre las imágenes que guarda se encuentra tanto la de San Antón como la de San Cayetano.

LA CAÑA
Las “carretillas” en su origen eran de caña, cogidas en los márgenes del río Almanzora y ramblas del municipio. Éstas se depositaban en las cámaras de las viviendas durante varios meses, dejándose secar, evitando que no le dieran el sol para que no se rajaran y estropeasen. Una vez seca la caña, ésta se troceaba por los nudos, clasificándose en varios calibres de menor a mayor con una longitud de entre 13 a 15 cm de largo. Posteriormente se le liaba a su alrededor un hilo “bramante”, que evitaba que la caña al cargarla con pólvora se rajara, Este hilo iba impregnado de “pez” caliente, que al enfriarse hacía pegamento evitando que el hilo se soltara.
Como las carretillas de caña requerían un incesante y poco agradecido trabajo, en las últimas décadas se han intentado buscar alternativas menos costosas, con materiales como el PVC (goma), que resultaron se un verdadero fracaso y peligro, pues al salir el fuego por la boca, la “goma” se dilataba saltando el “oído” y originando una explosión. Actualmente se importan desde Valencia unos cartuchos de cartón con diferentes calibres (16, 18, 20 y 22).

EL RIESGO
“Las Carretillas” es una fiesta popular que entraña un gran peligro como en todas aquellas en las que la pólvora y el fuego son actores protagonistas. Cada vez son menos frecuentes los accidentes durante la noche de la fiesta, aunque la enfermería siempre se salda con algún quemado leve. Igualmente cabe decir, que el sistema actual de elaboración de las mismas ha reducido drásticamente el riesgo de accidentes, a diferencia de años anteriores, cuando se hacían de caña del río siendo éstas más peligrosas, ya que el envoltorio era de menor calidad, produciendo numerosas explosiones. Igualmente hay una mayor conciencia del peligro que supone la elaboración y manipulación de la pólvora, teniéndose siempre presente el recuerdo de aquellos que tuvieron la desgracia de fallecer haciendo lo que más les gustaba en su vida.

LA ELABORACIÓN
Su elaboración es la siguiente: Estos tubos de cartón llamados “Canillas” se rellenan de pólvora (mezcla de azufre, nitrato y carbón), este último será de sarmientos de vid o tallos de tapanera (alcaparras) en partes proporcionales (1,5 Kg, 12 Kg y 6 kg respectivamente). A esta mezcla se le llama “Tarea” la cual equivale a 16,5 Kg en su totalidad. Se deposita en un “mortero” de mármol, en el cual se macea durante tres horas con una pesada “maza” de madera, humedeciéndola para evitar que salte fuera a consecuencia del golpe. Este procedimiento tiene como fin el correcto mezclado de los tres productos entre si, consiguiéndose de esta manera la “pólvora”. Una vez realizado este proceso se extiende durante varias horas al sol para conseguir un perfecto secado. Una vez seca se introduce en el “molino” con el fin de refinarla. El “molino” suele ser de mármol y se compone de dos piezas redondas de unos 100 cm de diámetro aproximadamente, una fija anclada al suelo y la otra móvil sobre ésta.
El siguiente paso será mezclarle la “limadura” que suele ser de “hierro colado” o de “titanio”, dependiendo del gusto de cada uno, pues con el hierro la “chispa” o llama es de color rojizo y con el titanio de un precioso color blanco, aunque más costosa y peligrosa en los quemados.
Empezamos a llenar la “canilla” aunque anteriormente le hemos cegado unos de los dos extremos con greda molida y fuertemente presada dejándole un pequeño orificio llamado “oído”. Por el mismo es por donde se le pegará fuego con una mecha. Por el extremo opuesto es por donde se va rellenando de pólvora en tres porciones distintas, llamándoles “tacos”, introducimos un “atacador” (pequeña barra de hierro) calibrado según la “canilla” siendo ésta golpeada mediante un mazo de madera. Llena la canilla y “atacada”, al igual que el otro extremo es cegada aunque sin orificio alguno, llamándole “culo”. Ya tenemos la “carretilla cargada y lista para citarse con la improvisación de sus movimientos.

LAS PRUEBAS
En vísperas al “día de las carretillas”, todos los años se produce un auténtico ritual de acontecimientos que marca la originalidad e idiosincrasia de esta festividad. Y es que el ambiente ya se vive y describe desde semanas antes, desde la fabricación y realización de pruebas en las esquinas de las calles por parte de las diferentes peñas carretilleras, hasta la labor incomiable de los vecinos del pueblo protegiendo sus casas con telas metálicas y planchas de madera.
Pero será el día previo a la festividad, el 15 de enero, cuando se realizan las “pruebas”, en las que cada carretillero presenta a sus paisanos sus carretillas en la plaza del Ayuntamiento, siendo éstos con sus vítores y aplausos los que juzguen las mejores, obsequiando al ganador con el simbólico premio de “MEJOR CARRETILLERO DEL AÑO”.
Este evento de las “Pruebas” es una tradición reciente, se creó en 1985 que se complementa en la actualidad con una gran parrillada. Estos actos están favoreciendo que habitantes de otros municipios nos visiten durante esta festividad.

PROCESIÓN
Por fin llegamos al día 16, víspera de San Antón y “DIA DE LAS CARRETILLAS” donde los vecinos montan sus hogueras en cada calle del pueblo. Estas hogueras se alimentan de la leña recogida de ramblas y ríos, de aperos o enseres viejos que se desechan de las casas y de la tala de árboles y plantas. Se dice que el que no aporte nada a la lumbre esa noche se quema. La víspera por la tarde tiene lugar la misa y posterior PROCESIÓN DEL CARRETILLERO con San Antón acompañado de San Cayetano, donde son paseados y bailados al grito de “VIVAN LOS SANTOS”, colocados en andas y a hombros de los jóvenes carretilleros ataviados con el atuendo típico, constituido por ropa militar, botas altas, sombrero o casco, gafas, guantes,…, y su mecha atada a la cintura. ¡Ah, también es “condición obligada” llevar rodeada al cuello la bufanda de San Antón!
Esta procesión es acompañada por la banda de música local, que en su repertorio suelen interpretar marchas alegres y comúnmente conocidas.
Retrocediendo hasta principios del siglo pasado (XX), esta procesión tenía lugar en plena tirada de las carretillas. Igualmente los patronos iban a hombros de “Santeros” (personas que tenían algún tipo de promesa), los cuáles llevaban el cuerpo cubierto de mantas y otras prendas, que a su vez iban impregnadas en arcilla amasada con agua al igual que las imágenes de los Santos para evitar daños y quemaduras, ya que estos Santeros transportaban las imágenes por medio de las hogueras. Al día siguiente, día de San Antón, éstos eran llevados por la mañana al “Pilar” (acequia bebedero de animales) donde eran lavados y aseados para la procesión de la tarde.
Hacía el año 1920 cayó la imagen de uno de los santos al suelo rompiéndose por la cabeza, por lo que la iglesia prohibió la Procesión. Estas dos imágenes, junto a otras que se encontraban en la Iglesia Parroquial, fueron quemadas en plena Guerra Civil Española en la plaza del Convento.

NOCHE DE LAS CARRETILLAS
Tras depositar a los Santos en la Iglesia, cada carretillero/a prepara su “Talín” (caja de madera donde se llevarán las carretillas durante la noche. Desde que comienza a anochecer hasta las once de la noche aproximadamente, los más pequeños serán los encargados de darle luz a la fiesta, con la tirada de sus minis carretillas, sintiéndose por unos momentos los verdaderos protagonistas de todo el ambiente que les rodea. Mientras tanto, los vecinos prepararan su propia fiesta en las lumbres de las calles con un gran surtido de carnes y embutidos, todo ello regado con buenos vinos, de la tierra a ser posible.
La noche es larga y hay que salir con suficientes fuerzas para tirar todas las carretillas a lo largo de la noche, que se lanzarán por las calles y plazas del pueblo. Mientras tanto, los mas adultos tenemos que preparar nuestro propio cuerpo con una gran comilona de carnes y embutidos de nuestras propias matanzas, y como no, una buena ensalada de Col, todo eso acompañado por un buen vino que si puede ser del país mejor. Será tradición dirigirse a la fachada de la iglesia a quemar nuestras primeras carretillas a los Santos Patronos al grito: ¡ESA PARA SAN ANTÓN!, buscando con ello su amparo y protección. Es igualmente tradición la hospitalidad de los vecinos invitando a los carretilleros a sus casas, donde se toma buena cuenta del vino y del embutido casero.
Durante toda la noche está presente esa atmósfera de luz, color y sonido en la que sin duda se transmiten sensaciones únicas e inenarrables, al igual que esa embriaguez de olor a pólvora que todo el que lo experimente lo llevará guardado para siempre. De esta forma entre cánticos, alegría, ensalzamiento de la amistad y camaradería, unidos al sonido de las carretillas luchando contra el viento y fluir de golpes de tambores, se llega al amanecer.
Así le da Cantoria la bienvenida a un nuevo día, despertándose con el replicar de campanas y el lanzamiento de cohetes, pareciendo sus calles grandes alfombras de ceniza y pólvora quemada, que quedan esparcidas como si de una lluvia gris se tratara. Como si de un ritual ancestral hablásemos, los más madrugadores año tras año repiten la mima pregunta: “¿Se quemó alguien?”, con eso rostros de incertidumbre que da el no conocer la respuesta de antemano.
Este día de San Antón es festivo en la localidad, llevándose a cabo diversos actos culturales, así como la correspondiente verbena en la Caseta Municipal. Y dentro de los actos religiosos, la “Procesión del Santo Patrón”, verdadera demostración del sentimiento y devoción que cada vecino/a le procesa a sus patronos en particular, y a su pueblo en general.
Así terminamos nuestras fiestas Patronales con la tristeza de haber pasado los días muy rápido y con ilusión puesta ya en el siguiente año.
Son muchos hijos/as del pueblo con residencia en otros lugares que se olvidan por unos días de sus quehaceres diarios para vivir en su pueblo estas entrañables fiestas, así como numerosos aquellos que nos visitan y que siempre coinciden en decir, ¡“el año que viene volveré”!
Y es que el orgullo de sentirse parte de un pueblo es el que define la propia identidad y la de nuestros seres más queridos.
“CANTORIANO/A, CARRETILLERO/A, ¡VIVA SAN ANTÓN!

SAN ANTON BENDITO
Los días 16 y 17 de Enero
son días de gran esplendor
se celebra en Cantoria
las fiestas de San Antón

La tirada de cohetes
el volteo de Campanas
el 16 nos anuncia
ese día que esperamos con tantas ganas

El vino del país, el día de San Antón
lo bebemos por arrobas tanto en bota como en porrón.

SAN ANTÓN, SAN ANTÓN
Estimado y glorioso patrón
SAN ANTÓN, SAN ANTÓN
Es la fiesta del mundo, la mejor

El vino que bebemos en San Antón
es del tonelico, que en la cata
le conceden el mayor galardón.

Es la noche de las hogueras
la mas alegre del año
cargados con nuestros talines
carretillas vamos tirando.

Que empiecen las carretillas
la juerga y el follón
ya que llevamos todo el año
esperando con ilusión

SAN ANTÓN, SAN ANTÓN
Estimado y glorioso patrón
SAN ANTÓN, SAN ANTÓN
Es la fiesta del mundo, la mejor

Pero la verbena del 17 por la noche
ya no se puede continuar,
porque es 18,
Todos tenemos que madrugar.

Obtenido de: Asociación Cultural Piedra Yllora, escrito por Andrés Carrillo Miras

Historia del Huerto del Administrador por Andrés Carrillo Miras

lunes, 10 de agosto del 2009 a las 16:25
guardado en

Teniendo en cuenta que el exilio (1939-1954) del último de sus dueños, D. Eduardo Cortés Jiménez, supuso la dispersión de los documentos que permitieran dar certeza de la propiedad, aunque si podemos afirmar que los orígenes del Huerto, era la de vivienda del Administrador del Marqués de los Vélez en Cantoria. Esto hasta la desaparición definitiva de los señoríos en 1811. Don Francisco Álvarez de Toledo y Osorio, fue el último Señor de Los Vélez ya que por decreto del 6 de Agosto de 1811 las Cortes de Cádiz suprimieron todos los señoríos y sus derechos, sólo permanecían en manos del Señor las propiedades personales que en el caso de Cantoria eran la Almazara, la Casa del Marques de la Romana, el Huerto del Administrador, el Palacio de Almanzora, etc.
A la muerte de D. Francisco de Toledo, en 1821 sus propiedades de Cantoria y Almanzora pasaron a su hija Doña Tomasa Álvarez de Toledo y Palafox, Duquesa de Montalto, que había contraído matrimonio con Don Pedro Caro Salas, IV Marqués de la Romana.
En la década de los 70 de este siglo, el Marqués estaba de pleitos judiciales contratando de abogado a D. Alejandro Jiménez Molina (natural de Cantoria, nació en 1840 y Licenció en Jurisprudencia por la Universidad de Granada en 1861) siendo el abogado de la parte contrincante el famoso letrado murciano Juan de la Cierva y Soto (que fué alcalde de Murcia y diputado al Congreso por su provincia). El Marqués ganó el juicio y al preguntar el Marqués a cuanto ascendían los honorarios por la defensa, D. Alejandro, persona inteligente, y sin olvidar que era dueño de una saneada fortuna, pensó que le sería más provechoso el agradecimiento del Marqués que la repercusión económica, y le contestó lo siguiente: “ha sido para mi un honor haber defendido su caso, y de paso un orgullo profesional haber ganado el litigio a un gran abogado como sin lugar a dudas es el Sr. de la Cierva. De forma Sr. Marqués que yo me considero suficientemente pagado al haber logrado todo lo que he dicho”.
El Marqués agradecido le compensó donándole los bienes que tenía en Cantoria, que a la razón eran: El huerto del Administrador, la casa del Marqués de la Romana (conocida como la casa grande o la casa de D. Alejandro) y la Almazara llamada del Marqués, que era la mas grande de su época de toda la provincia de Almería.
Otros de los logros de este ilustre hombre para su pueblo debido a la influencia que llegó a tener en Madrid fue que desviar el trazado original del ferrocarril Lorca-Baza. Este en un principio pasaba de los llanos de Arboleas a Albox para luego cruzar las “Rellanas” hasta la estación de Fines. Un trazado casi recto, en cambio el trazado que conocemos está lleno de curvas y dos túneles. El antiguo diseño dejaba a Cantoria a unos 4 o 5 kilómetros de la vía y a Almanzora sin estación. La Marquesa de Almanzora estaba interesada en que el ferrocarril discurriera por su finca y que en la misma se construyera una estación con nombre del Marquesado.
Don Alejandro moviendo los hilos desde Madrid y la Marquesa por otro lado consiguieron cambiar el trazado original. La Marquesa cedió gratuitamente los terrenos para las vías y las dos estaciones (Almanzora y Cantoria). Don Alejandro cedió la Almazara, la cual ha servido de almacén desde la inauguración del ferrocarril hasta la desaparición del mismo.
A la muerte de D. Alejandro y su esposa, pasa el Huerto del Administrador a su hijo Eduardo Jiménez Molina, casado con Dª Soledad Sánchez. D. Eduardo fue diputado por la circunscripción de Huercal Overa en el año 1.869, era licenciado en Jurisprudencia por la Universidad de Granada. Durante su estancia en Madrid nace su hija Dª Maravillas, que a la muerte de sus padres pasa a ser propietaria del Huerto y tierras colindantes.
Dª Maravillas se casa con el abogado D. Jesús Cortés Sánchez, natural de Cóbdar. Este denomina al Huerto como Villa Smara, descomposición del nombre de su dueña Maravillas.

En aquellos años, junto con la casa, se recuerda especialmente el jardín, por su prestancia, con dos pérgolas, rosales, pinos y un paseo de palmeras con un estanque con permanente agua proveniente del monte de las Mateas a través de una tubería de unos 1.000 metros de longitud. Como dato curioso, de dicha agua se servían las máquinas del ferrocarril, dada su pureza. Dentro de la casetilla donde está el nacimiento había un depósito con un grifo al que muchos cantorianos acudían con sus caballerías y cántaros a proveerse de agua para el consumo de sus casas.
La finca tenía muchas fanegas de tierra de riego y montes en su entorno, tanto en el Llano como en los linderos de la Rambla de la “Hojilla” o de Pedro Gea.
Dª. Maravillas muere en Granada en el año 1.924 y unos años después su marido, D. Jesús Cortés, dejando como heredero Universal a su único hijo, D. Eduardo Cortés Jiménez nacido en Cantoria y abogado de profesión, casado con Dª. Josefina de Ponte Izquierdo. Además de Villa Smara también hereda propiedades en Granada, Tabernas y Fines. Su participación política (secretario personal entre otros cargos y amigo de D. Augusto Barcia Trelles Ministro de Estado de la República), así como la guerra civil y posterior exilio fueron mermando sus bienes paulatinamente. D. Eduardo mostró siempre un gran cariño por Cantoria, y siempre trató de hacer todo lo que estuvo en su mano por ayudar a su progreso. Don Eduardo muere en Madrid y posteriormente su esposa Dª. Josefina, heredando la finca sus hijos D. Juan Antonio, Dª. Maravilla y D. Eduardo Cortés de Ponte.
Los negocios de los herederos (D. Eduardo, y D. Juan Antonio fueron socios fundadores del Grupo Editorial Santillana) así como la muerte de los padres, de tantos familiares afines a Cantoria y de muchos de los buenos amigos del pueblo hacen que las largas estancias en Villa Smara se fueran reduciendo cada año hasta unos pocos días, con el paulatino abandono de la finca y su deterioro.
Llegando a este punto, tanto D. Eduardo como los herederos de D. Juan Antonio Cortés deciden segregarla y su posterior venta en el año 2.000 a pesar del gran cariño a una finca de la que han disfrutado varias generaciones de la familia.
CURIOSIDADES
Siendo Dª Josefina gran aficionada y excelente jugadora de tenis, hace instalar en la finca un pista de juego, siendo en su tiempo la primera pista de tenis de toda la comarca. Villa Smara era el punto de reunión de familiares y amigos, tanto de los que vivían como los que acudían con asiduidad a Cantoria.
D. Eduardo Cortés Jiménez trae un día uno de los aparatos de radio estrafalarios de la época que funcionaba con una batería de coche ¡fue un acontecimiento a principios de los años 30! Tanto era así, que mucha gente en las noches de verano se reunían en las cercanías del Huerto para oír aquel misterioso aparato que D. Eduardo colocaba en un balcón para que pudiesen oírlo todos.
Durante las vacaciones de verano y en las visitas esporádicas de los propietarios durante el resto del año, debido a la gran hospitalidad de estos, era el centro de reunión de amigos, familiares y allegados.
Para finalizar con este relato (con los datos facilitados por D. Eduardo Cortés de Ponte) sobre el Huerto y sus propietarios, podemos decir que es una de las viviendas mas antiguas de la zona.

 

El Huerto del Administrador es un lugar que merece ser recuperado para la celebración de todo tipo de actos, y valga como ejemplo la boda que se celebró el 18 de Julio de 2009.

Obtenido de: Asociación Cultural Piedra Yllora, escrito por Andrés Carrillo Miras

La Trampa de Álvarez de Sotomayor

lunes, 10 de agosto del 2009 a las 16:19
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Eran pa mi cuenta cincuenta reales
los que me faltaron pa pagar la trampa
del repartimiento que hizo el munecipio,
que obrando en concencia debieron borrarla;
porque pa aliviarse los que están arriba
dejan sobre el probe rescullar la carga.
Pa halear pa alante con casa y con hijos
y tener resuello pa pagar mi trampa,
merqué mi burrucho, que pagué en seis meses
pasando miserias que naide pasara.
Bien con las basuras que uno arrecogía,
bien llevando cargas
u en cualquier cosaEran pa mi cuenta cincuenta reales
los que me faltaron pa pagar la trampa
del repartimiento que hizo el munecipio,
que obrando en concencia debieron borrarla;
porque pa aliviarse los que están arriba
dejan sobre el probe rescullar la carga.
Pa halear pa alante con casa y con hijos
y tener resuello pa pagar mi trampa,
merqué mi burrucho, que pagué en seis meses
pasando miserias que naide pasara.
Bien con las basuras que uno arrecogía,
bien llevando cargas
u en cualquier cosa
que se presentara,
hoy con dos comías, mañana con una,
iba con mil penas sacando mi casa.
Pos de esta manera metío en rutina
seguí chaspeando, cuando una mañana,
en un atumóvil se me presentaron,
pa embargarme el burro por aquella trampa,
más gente del fisco
que fuera hecho falta
pa atrapar un preso
que se escabullara.
Mis hijos, huyendo, se me esparramaron;
yo sentí temblores; mi mujer lloraba.
y como las leyes
hay que respetarlas...
vide a mi burrucho salir del cortijo...
y vede en el lomo ponerle mi manta...
y vide dos hombres montarse dencima
sin que a mí los labios se me despegaran.
-Cumplimos la Ley- dijo el que hacía punta
mientras los papeles otro emborronaba.
Y yo, sin quitarle los ojos al burro,
viendo en sus costillas romperle una vara
dasta que traspuso sin dejar más rastros
que la polvarea que se alevantaba,
contestando al dicho del que punta hacía,
le dije con calma:
-Si asina las leyes
tienen las entrañas,
vaya el burriquillo aonde Dios lo ampare;
¡qué vamos a hacerle! Quien paga descansa.
Cuando ya se fueron los hombres tranquilos
de cumplir las cosas que la leyes mandan
y nus ajuntemos la familia entera
y vide a mis hijos meterse en la cuadra
pa llorar el burro, fuera deseao
que se abriera el suelo pa que me tragara.
Pero...¡no lo creyera lo que aluego supe
cuando fui al pueblo! Que, hecha la subasta,
yo no sé el asunto cómo lo enrearon
que faltó dinero pa pagar la trampa.
-Mira, Juan Celipe- Mi mujer me dijo
cuando supo aquello-, ¡vamonos de España;
que allá en los Brasiles no falta el trebajo
u una es de la tierra aonde el pan se gana!
Sí que le hice el gusto; que arreglé papeles
y en el primer barco que gente embarcaba
salimos pitando pa la tierra aquella
cruzando los mares, llenos de esperanza.
Un año pasemos con grandes anchuras.
Pero... ¡no es creío lo que en tierra extraña
se quiere al terruño aonde se ha nacío!
Las comías güenas nus paecieron malas;
ni gustaba el fruto, ni alegraba el cielo,
ni animaba el aire que se respiraba.
Yo to lo sufría. Pero ya una noche,
besando a sus hijos, que también lloraban,
mi mujer me dijo: -Mira Juan Celipe...,
no tomes dijusto..., me encuentro mu mala;
yo tuve la culpa, pero ¡no te enfades!,
manque güelva el hambre... ¡vámonos a España!
Y yo tenía los mesmos deseos
porque tos los días derramaba lágrimas,
me metí en el barco con mas alegría
que un pájaro preso que rompe su jaula.
Y a España golvimos. Y llegue a la tierra
aonde si por poco se me sale el alma
de las mesmas cosas que sentí en el pecho,
que si sé sentirlas, no sé desplicarlas.
Por suerte encontremos el mesmo cortijo;
y a las pocas horas nació mi zagala,
como si su madre le fuera advertío
con el pensamiento que al caso aguardara
pa que el sol primero que sus ojos vieran
fuera el sol de España.
Pero ya venía mi mujer enferma
que las malas aguas,
de los sufrimientos
que agotan y matan.
Y manque remedios busqué sin descanso
y agoté recursos, no pude salvarla;
y en mis mesmos brazos una tarde triste
sentí de su boca salírsele el alma.
Al quear sin madre mi nena pequeña,
pa que no muriera le merqué una cabra,
que ni una persona tiene más saberes ni tiene mas gracia
pa poner sus pechos a una criaturica
como aquella cabra.
Y en aquella vida de dolor y briega,
faltando a mis ojos el sol de mi casa,
una tarde siento dar un bocinazo
al mesmo atumóvil de aquella mañana.
¡Era que venían
a cobrar el resto de mi vieja trampa!
Cuando me pidieron la cuenta, les dije:
-Señores, lo siento; no puedo pagarla.
y aquel testarúo
de conciencia avara
que siempre hacía punta le dijo a los otros:
-¡Embargar la cabra!
Sentir aquel dicho y acuir de golpe
la sangre a mis ojos como si cegaran,
fue cosa de un tiro. -¿Que cabra? -les dije
temblando-. ¿Que cabra?
¿La que sirve a mi hija de madre? Pos oyan:
amarrá a la estaca
la tenéis... ¡Quien quiera
que pruebe a soltarla!
Cuando dije aquello, no era yo presona;
tenía la faca
que me daba saltos su puño en los deos.
Y al verme la cara...,
¡que gesto verían que sin resollarme,
rompiendo papeles, golvienron la espalda
y se transpusieron en el atumóvil
como se trasponen esas nubes malas!
Cuando al poco tiempo me dieron trebajo
y mis zagalicos algo me ayuaban,
los primeros cuartos que tuve de sobra
los metí en mi faja
y andando andandico,
sin que me buscaran,
me metí en el pueblo
pa pagar la deuda que en pagar estaba.
que se presentara,
hoy con dos comías, mañana con una,
iba con mil penas sacando mi casa.
Pos de esta manera metío en rutina
seguí chaspeando, cuando una mañana,
en un atumóvil se me presentaron,
pa embargarme el burro por aquella trampa,
más gente del fisco
que fuera hecho falta
pa atrapar un preso
que se escabullara.
Mis hijos, huyendo, se me esparramaron;
yo sentí temblores; mi mujer lloraba.
y como las leyes
hay que respetarlas...
vide a mi burrucho salir del cortijo...
y vede en el lomo ponerle mi manta...
y vide dos hombres montarse dencima
sin que a mí los labios se me despegaran.
-Cumplimos la Ley- dijo el que hacía punta
mientras los papeles otro emborronaba.
Y yo, sin quitarle los ojos al burro,
viendo en sus costillas romperle una vara
dasta que traspuso sin dejar más rastros
que la polvarea que se alevantaba,
contestando al dicho del que punta hacía,
le dije con calma:
-Si asina las leyes
tienen las entrañas,
vaya el burriquillo aonde Dios lo ampare;
¡qué vamos a hacerle! Quien paga descansa.
Cuando ya se fueron los hombres tranquilos
de cumplir las cosas que la leyes mandan
y nus ajuntemos la familia entera
y vide a mis hijos meterse en la cuadra
pa llorar el burro, fuera deseao
que se abriera el suelo pa que me tragara.
Pero...¡no lo creyera lo que aluego supe
cuando fui al pueblo! Que, hecha la subasta,
yo no sé el asunto cómo lo enrearon
que faltó dinero pa pagar la trampa.
-Mira, Juan Celipe- Mi mujer me dijo
cuando supo aquello-, ¡vamonos de España;
que allá en los Brasiles no falta el trebajo
u una es de la tierra aonde el pan se gana!
Sí que le hice el gusto; que arreglé papeles
y en el primer barco que gente embarcaba
salimos pitando pa la tierra aquella
cruzando los mares, llenos de esperanza.
Un año pasemos con grandes anchuras.
Pero... ¡no es creío lo que en tierra extraña
se quiere al terruño aonde se ha nacío!
Las comías güenas nus paecieron malas;
ni gustaba el fruto, ni alegraba el cielo,
ni animaba el aire que se respiraba.
Yo to lo sufría. Pero ya una noche,
besando a sus hijos, que también lloraban,
mi mujer me dijo: -Mira Juan Celipe...,
no tomes dijusto..., me encuentro mu mala;
yo tuve la culpa, pero ¡no te enfades!,
manque güelva el hambre... ¡vámonos a España!
Y yo tenía los mesmos deseos
porque tos los días derramaba lágrimas,
me metí en el barco con mas alegría
que un pájaro preso que rompe su jaula.
Y a España golvimos. Y llegue a la tierra
aonde si por poco se me sale el alma
de las mesmas cosas que sentí en el pecho,
que si sé sentirlas, no sé desplicarlas.
Por suerte encontremos el mesmo cortijo;
y a las pocas horas nació mi zagala,
como si su madre le fuera advertío
con el pensamiento que al caso aguardara
pa que el sol primero que sus ojos vieran
fuera el sol de España.
Pero ya venía mi mujer enferma
que las malas aguas,
de los sufrimientos
que agotan y matan.
Y manque remedios busqué sin descanso
y agoté recursos, no pude salvarla;
y en mis mesmos brazos una tarde triste
sentí de su boca salírsele el alma.
Al quear sin madre mi nena pequeña,
pa que no muriera le merqué una cabra,
que ni una persona tiene más saberes ni tiene mas gracia
pa poner sus pechos a una criaturica
como aquella cabra.
Y en aquella vida de dolor y briega,
faltando a mis ojos el sol de mi casa,
una tarde siento dar un bocinazo
al mesmo atumóvil de aquella mañana.
¡Era que venían
a cobrar el resto de mi vieja trampa!
Cuando me pidieron la cuenta, les dije:
-Señores, lo siento; no puedo pagarla.
y aquel testarúo
de conciencia avara
que siempre hacía punta le dijo a los otros:
-¡Embargar la cabra!
Sentir aquel dicho y acuir de golpe
la sangre a mis ojos como si cegaran,
fue cosa de un tiro. -¿Que cabra? -les dije
temblando-. ¿Que cabra?
¿La que sirve a mi hija de madre? Pos oyan:
amarrá a la estaca
la tenéis... ¡Quien quiera
que pruebe a soltarla!
Cuando dije aquello, no era yo presona;
tenía la faca
que me daba saltos su puño en los deos.
Y al verme la cara...,
¡que gesto verían que sin resollarme,
rompiendo papeles, golvienron la espalda
y se transpusieron en el atumóvil
como se trasponen esas nubes malas!
Cuando al poco tiempo me dieron trebajo
y mis zagalicos algo me ayuaban,
los primeros cuartos que tuve de sobra
los metí en mi faja
y andando andandico,
sin que me buscaran,
me metí en el pueblo
pa pagar la deuda que en pagar estaba.

 

Obtenido de: Asociación Cultural Piedra Yllora, escrito por Andrés Carrillo Miras

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